Edgardo Rubén Cornel, de 64 años, encerró a su hijo de 11 años con autismo en una jaula de madera de 2x2 metros en el fondo de su casa en Lisandro Olmos, partido de La Plata, con pañal de tela, descalzo, deshidratado y desnutrido; el chico gritaba "auxilio" todo el día hasta que vecinos alertaron al 911.
La policía de Melchor Romero allanó sin orden por artículo 222 del Código Procesal Penal al oír gritos, encontró la "aberación humana" similar a un gallinero con colchón mugriento, trabas y bolsa de arpillera; detuvieron al padre, golpeador violento que hacía tiros al aire con escopeta calibre 12-70 sin documentación y cartuchos de plomo, justificándose por la "peligrosidad" del autismo.
Panelistas indignados lo llaman "lacra humana", "rata inmunda" y piden cárcel dura o venganza tumbera al 11-30-78-96-49; el menor fue entregado a la madre salvadoreña, posible víctima de violencia de género, mientras vecinos temían represalias y destacan desconocimiento sobre autismo.
Conductores relatan experiencias personales con autismo, rechazan justificaciones y comparan con casos como Lucio; piden visibilizar abusos similares y enfatizan que personas autistas son "buenos y mágicos", no peligrosos.
El caso conmociona cerca del Día de Concientización del Autismo, con cobertura exclusiva mostrando la jaula y arma; sugieren antecedentes por violencia y esperan justicia dura.