Oscar Martínez protagoniza una película filmada en las cataratas de Iguazú, donde se moja completamente en una excursión en lancha para una escena humorística en una historia profunda sobre un padre ausente que busca redención con su hijo.
Los actores discuten temas como culpa, perdón y muerte digna; Martínez relata su experiencia personal con la agonía de su padre, decidiendo no prolongarla, similar al dilema de la cinta.
La producción enfrentó desafíos climáticos y de agua de represas paraguayas, pero rodaron en un día soleado; Martínez confiesa que no haría la excursión por placer, solo por trabajo.
Las conductoras elogian los vínculos familiares extremos que apasionan a Martínez y generan empatía en el público.