Audiomensajes revelan que anestesistas como Fini y Tati, residentes R3, consumían y robaban propofol y fentanilo de hospitales para fiestas llamadas "fiestas del Propofol", con infusiones continuas vía bombas y un encargado de asistir en apneas respiratorias para evitar muertes.
Amigas desde la facultad participaban en asados y fiestas electrónicas consumiendo tusi primero, luego propofol que Fini robaba pidiendo extras en intervenciones quirúrgicas como robo hormiga legal, cubierto por permisos de portación; un compañero murió por sobredosis con infusión continua, encontrado con vía en el pie para ocultar marcas.
Alejandro Salazar, anestesista de 30 años, fue hallado muerto en su departamento de Palermo por su hermana y policía, boca abajo en calzoncillos con vía en el pie y catéter; faltó a una operación en el Favaloro, iniciando la investigación que destapó el robo de drogas entre pares, con denuncias cruzadas y renuncias.
Hernán, organizador, denunció a Fini y Tati por robo y venta; Fini lo acusó de violación durante consumos; Mechi denunció a Fini por robo, quien tomó licencia psiquiátrica; la justicia perita audios de WhatsApp y teléfonos para determinar participación delictiva en las fiestas.