Alejandro Salazar, anestesista de los hospitales Rivadavia y de Niños, fue hallado muerto el 20 de febrero en un departamento de Juncal con vía en el pie y envases de Propofol y Fentanilo robados del Hospital Italiano.
Su hermana Julieta lo descubrió sin respuesta; las drogas, solo disponibles en hospitales, se usaban en "fiestas del Propofol" con infusión continua, cobro de entrada y ambú para apneas, organizadas por médicos adictos como Hernán, Delfina (Fini) y Tati.
El Hospital Italiano separó a los responsables de custodia, emitió comunicado y niega faltantes previos; audios virales revelan consumo habitual desde facultad, renuncia de Hernán y sospechas de venta; dos causas por muerte y sustracción.
Expertos como Jorge Tartaglione explican riesgos letales fuera de ámbito médico: apnea sin control profesional; Asociación de Anestesiología admite fácil acceso pero culpa moral, enfatiza trazabilidad fallida en adictos con pacientes a cargo.
Panel indignado por adicción de médicos en contacto con niños y dolor, compara con otros profesiones; drogas salvan vidas en quirófano pero son ilícitas en fiestas, con imputaciones en curso.