Anestesiólogos adictos usan recreativamente Propofol y Fentanilo para sensaciones euforizantes similares a endorfinas sintéticas, con alto riesgo de depresión respiratoria y muerte sin control adecuado, como en casos del Hospital Fernández con residentes como Fini, Tati y Mechi que robaban drogas para fiestas con infusiones continuas y ambu para reanimación.
En el centro de simulación de la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires, Nicolás Sergi y Marina Mou demuestran con maniquíes el procedimiento de anestesia: charla inicial para tranquilizar al paciente, sedante como midazolam, fentanilo para analgesia, y propofol para hipnosis y coma farmacológico, monitoreando signos vitales para evitar complicaciones.
Expertos destacan que las drogas tienen rango terapéutico estrecho, dosis tóxica cerca de la letal, pero profesionales entrenados las administran con seguridad durante cirugías de minutos a horas, desmintiendo estigmas por casos aislados de adicción que afectan a todas las especialidades médicas.
Sensaciones placenteras no son inevitables; opioides alivian dolor produciendo placer, pero sin dolor generan disforia, y propofol a bajas dosis seda sin euforia siempre, enfatizando necesidad de anestesiólogos capacitados incluso en sedaciones estéticas para manejar vía aérea y respuestas hemodinámicas.