Reporteros en el lugar del tiroteo en la Escuela 40 de San Cristóbal reconstruyeron que el agresor, un chico alto y aislado que pasaba tiempo en el celular, descartó la escopeta en un sector externo tras intentar recargar con cartuchos de una canana tipo bandolera similar a la de Rambo, cada uno con unos 300 perdigones.
El portero Barreto intervino heroicamente lanzándose sobre él cuando recargaba, evitando una masacre mayor, aunque el agresor le apuntó y gatilló pero el cartucho ya estaba percutado y no disparó; alumnas confirmaron que lo vieron recargar desde un estuche porta-cartuchos.
El arma pertenecía al abuelo materno, quien se dedicaba a la caza, y vecinos revelaron un contexto familiar desestructurado: padres separados, padre internado por adicciones, madre con problemas de consumo y ambos medicados a veces, incluido el chico.