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Oración unida de creyentes desata avivamientos y victorias divinas

Tensión: intercambio (20°) Sesgo: elogio (+80)

El pastor enfatiza que Jesús promete en Mateo 18:19 que Dios concede cualquier petición si dos creyentes se ponen de acuerdo en oración. Esta unidad multiplica el poder de la oración congregacional, resultando siempre en la manifestación del Espíritu Santo y bendiciones extraordinarias, como se ve en ejemplos bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento.

Dios convoca repetidamente a su pueblo a reunirse para orar con perseverancia, prometiendo derramar su Espíritu. Casos incluyen a Joel convocando a líderes y habitantes al templo para oración, el rey Josafat ante una guerra imposible llamando a la nación a invocar al Señor, Samuel liderando ayuno nacional contra filisteos, y Esdras orando antes del regreso a Jerusalén. En todos, Dios peleó por su pueblo sin que ellos lucharan.

En el Nuevo Testamento, la primera iglesia oró en el aposento alto en Pentecostés, desatando el Espíritu Santo y conversiones masivas. Todos los grandes avivamientos históricos, desde el moravo en 1727 con oración 24/7, el galés de 1904, Nueva York 1857 con reuniones al mediodía que crecieron a 50 mil, hasta Lewis en 1959 iniciado por dos ancianas orando, nacieron y se sostuvieron en oración colectiva unida.

La clave es el acuerdo espiritual, no solo reunirse: supera desacuerdos mediante corazones dóciles al Espíritu Santo. El diablo ataca la unidad familiar o eclesial, pero Eclesiastés 4:9-12 y Salmo 133 prometen bendición donde hay armonía. Jesús enviaba discípulos de dos en dos, y el Espíritu Santo unía equipos misioneros como Pablo y Bernabé.

El pastor llama a practicar la disciplina de oración congregacional, vigilias y ayunos para ver avivamientos personales, familiares y nacionales, garantizando que Dios responda y derrote gigantes.