Al caer el sol Quito se transforma con luces en avenidas, plazas e iglesias coloniales mientras en La Mariscal y La Floresta aparecen bares, música en vivo y restaurantes.
La noche invita a caminar despacio, tomar canelazo caliente y disfrutar paisajes desde lo alto en mezcla de historia y vida urbana.
La gente de Quito es amable, tranquila, respetuosa y orgullosa facilitando conversaciones y anécdotas para conocer el destino.
Artesanos locales producen cerámica, tejidos, madera tallada y cuero transmitiendo tradiciones generacionales.