En barrios cristianos, autoridades prohíben servir alcohol en bares y restaurantes, permitiendo solo venta en botellas cerradas; afecta identidad, rutina y economía de negocios turísticos con sirios y extranjeros.
Empresarios resisten: "Nos están dañando tanto el negocio como la imagen"; temen perder clientes de Semana Santa sin vino. Normas dan tres meses para adaptar cartas, golpeando turismo y locales históricos desde años 50.
Justifican por demandas sociales y morales, pero ven redefinición de límites públicos-privados en ciudad diversa.