El enfermero Eduardo Betancur de 44 años, originario de Gualeguaychú y empleado del Hospital Rivadavia, fue hallado muerto en su departamento de Palermo por una presunta sobredosis de propofol y fentanilo. La hermana alertó al 911 el 30 de marzo tras no contactarlo; lo encontraron sentado en una silla con sangre en la boca y más de 100 ampollas de 19 drogas hospitalarias en la cocina, incluyendo dipirona, ketorolac, dexon, metasona y adrenalina.
Expertos como Esteban Dualde analizaron las sustancias mostradas en imágenes, destacando que muchas no se venden en farmacias y provienen de circuitos institucionales, con propofol ordenado meticulosamente. Señalaron que médicos y personal de salud tienen altas tasas de adicción globalmente, y en Argentina hay laxitud en controles pese a normas existentes.
Un médico anónimo del hospital municipal denunció en audio que el problema de adicciones a drogas hospitalarias como fentanilo dura más de cinco años, afectando a colegas con acceso directo, no solo anestesiólogos. Mencionaron casos silenciados y comparación con 'zombies' por fentanilo en Estados Unidos, advirtiendo que consumos recreativos terminan en muerte o degradación extrema.
Panelistas debatieron negación de adictos profesionales versus marginales, frustraciones sociales y necesidad de focalizar en adicciones generales, con sociedades médicas trabajando en prevención pero persistiendo fallas en la cadena de suministro.