El enfermero Eduardo Betancur, de 44 años, apareció muerto por sobredosis en su departamento de Buenos Aires el 30 de marzo; su familia de Gualeguaychú alertó al no responder llamadas y su hermana Rocío irrumpió con la dueña del inmueble y policía, encontrándolo sentado en una silla con cabeza baja, sangre en la boca y más de 100 ampollas de fármacos como propofol, midazolam y fentanilo.
Tenía una vía intravenosa en el antebrazo; expertos vinculan la muerte a la mezcla letal de midazolam y fentanilo, fármacos de uso hospitalario; se investiga si robó las ampollas de hospitales como en casos previos de anestesiólogos y residentes que hurtan sustancias para consumo privado o fiestas "propofes".
Conexiones emergen con Alejandro Salazar, muerto por sobredosis similar el 20 de marzo, y Chantal Leclerc, residente del Hospital Rivadavia que confesó robar propofol, fentanilo, ketamina y midazolam; también casos en Hospital Italiano con Hernán Boveri y Delfina Lanús, robos en guardias para fiestas nómadas cerca de sanatorios en zona norte.
Panelistas alertan sobre riesgos: anestesistas adictos operando pacientes, posibles errores fatales por un miligramo extra; histórico problema en salud, como el anestesista Virilis condenado a 14 años en 2019 por sedar víctimas, o Michael Jackson por propofol; trazabilidad de ampollas clave para saber origen.