En 2003, el gobierno de Corea del Sur reconoció la masacre de Jeju ocurrida décadas antes y presentó disculpas oficiales a las víctimas.
La sobreviviente Chun Ho esperó hasta que su hijo cumpliera 40 años para contarle su historia, ya que durante su infancia él ignoraba completamente el drama vivido en la isla.
La memoria de los hechos persiste entre los residentes, quienes preservan los testimonios de la represión que se cobró decenas de miles de vidas hace casi 80 años.