El enfermero de 44 años originario de Gualeguaychú, identificado como Eduardo Betancur, fue hallado muerto en su departamento alquilado en Palermo por una presunta sobredosis de propofol y fentanilo. La hermana alertó al 911 tras no poder contactarlo desde el 30 de marzo; ingresaron y lo encontraron sentado en una silla en estado lamentable, con sangre en la boca según testigos. En la cocina hallaron más de 100 ampollas de 19 drogas distintas hospitalarias, entre ellas cinco de fentanilo, cinco de propofol, lidocaína, dipirona, clonazepam y otras.
La Justicia investiga si Betancur se inyectó solo cuatro ampollas, algo que expertos consideran prácticamente imposible sin efectos inmediatos. Panelistas destacan que las drogas son trazables y solo disponibles en hospitales, sugiriendo robo o desvío desde farmacias institucionales. Conectan el caso con la muerte del anestesiólogo Salazar el 20 de febrero y fiestas del propofol, donde se usaban dosificaciones controladas para inducir estados cercanos a la muerte.
Revelan imagen de un baño en hospital público de Buenos Aires con descarte de ampollas de fentanilo y jeringa con sangre, denunciando consumo habitual por personal médico durante guardias, silenciado por años. Mencionan adicciones en anestesiólogos como Delfina Lanusse, con marcas visibles y controles antidoping evadidos. El médico Esteban Dualde explica que el fentanilo produce placer en la transición entre despierto y dormido, con efecto rápido pero riesgoso de depresión respiratoria y muerte.
Dualde afirma que no sorprende el problema, ya que médicos lideran tasas de adicciones y suicidios globales; critica laxitud en controles pese a normas. Las drogas halladas no son de venta libre, requieren cadena institucional, y sugieren claudicación en algún eslabón. El programa anuncia audio de médico denunciando uso de fentanilo en hospitales públicos desde hace años.