La justicia profundiza en la falta de trazabilidad de drogas como propofol, fentanilo y ketamina robadas de hospitales como el Hospital Italiano de La Plata, vinculadas a muertes de un anestesista de 29 años llamado Alejandro Sarazá o Salazar y un enfermero de 44 años encontrados con estas sustancias en sus casas. Expertos explican que los controles de farmacia fallan porque no se registran ampollas usadas ni devueltas, permitiendo hurtos internos sin violencia.
En el caso del anestesista, se halló una bomba de infusión BIC para dosificar las drogas, pero sin alguien monitoreando se produce paro respiratorio letal, como en la muerte de Michael Jackson. Los imputados Hernán Moverí, anestesiólogo desvinculado, y Delfina Lanús, residente con problemas de consumo y carpeta psiquiátrica, se culpan mutuamente por el robo usado en fiestas recreativas donde las víctimas quedaban conscientes para "volver lo mejor posible".
El Hospital Italiano denunció el faltante tres días después de la muerte del médico, el 20 de febrero, y no antes pese a sospechas. Panelistas cuestionan si es negligencia administrativa o red de contrabando, recordando crisis de fentanilo contaminado el año pasado que causó muertes por fallos en ANMAT e INAME. La investigación explora complicidades en farmacias y si hubo ayuda externa en las sobredosis fatales.
Una audio de una mujer de buen pasar alertó sobre el caso, y Delfina Lanús presentó defensa asesorada revelando fiestas con médicos. Expertos insisten en devoluciones obligatorias de ampollas para control, pero admiten posible robo hormiga acumulado.