El fiscal a cargo de la investigación por la muerte del anestesiólogo Alejandro Salazar pidió las cámaras de seguridad del día anterior al hallazgo del cuerpo, el 19 de febrero, además de las del día de la muerte, para determinar si alguien estuvo con él en su departamento de Juncal al 4600 en Palermo. La autopsia confirmó que la causa fue un paro cardiorrespiratorio por consumo de propofol y fentanilo, con una vía en el pie derecho y sin signos de violencia ni desorden en el lugar.
Audios de la causa revelan fiestas clandestinas llamadas Propofest en un departamento alquilado, donde médicos del Hospital Italiano como los doctores Boveri y Lanusse consumían drogas robadas del nosocomio, usando sensores caros también sustraídos para monitorear niveles en sangre. La Asociación de Anestesiólogos expulsó a ambos tras confesiones y presentó denuncia penal el 25 de febrero.
Chantal Leclerc, alias Tati, residente del Hospital Rivadavia y excompañera de residencia de Salazar, es testigo clave: admitió consumo de propofol, fentanilo, midazolam y ketamina robados allí, vinculando a Salazar con el grupo del Italiano vía Delfi y Fini. Leclerc posteó un emotivo adiós a Salazar en redes, sugiriendo amistad cercana, y ahora estaría en Estados Unidos.
La policía describió el cuerpo sin golpes defensivos, en calzoncillos y remera, tendido boca arriba; la hermana Julieta y amigo Federico lo encontraron el 20 de febrero a las 17 horas. El fiscal busca datos del teléfono de Salazar y testimonios, mientras se indaga si hubo presencia de terceros esa noche, descartando suicidio por indicios como tres vasos y pedido de cámaras extras. El edificio y alrededores tienen múltiples cámaras privadas y municipales que guardan imágenes por dos meses.
La red se expande: audios hablan de adicción previa de Salazar, positivo en test de orina zafado con contactos internos, abusos y vínculos cruzados. Boveri y Lanusse niegan robo ante Justicia pese a admisiones parciales en la Asociación; se incautó documentación en allanamientos.