Un enfermero de 44 años, Eduardo Betancourt, oriundo de Gualeguaychú, fue encontrado muerto sentado en una silla de su departamento en Palermo, en Oro 2400. La policía halló más de 100 ampollas de 19 drogas distintas, incluyendo cinco de propofol, cinco de fentanilo y lidocaína, en su vivienda alquilada en el noveno piso.
La hermana de la víctima alertó al 911 al no poder comunicarse con él; ingresaron con la locataria y lo descubrieron fallecido. El caso presenta similitudes con la muerte de Alejandro Salazar el 20 de febrero en Juncal, quien también tenía ampollas de propofol y fentanilo, más una bomba de infusión robada de hospitales.
La justicia investiga la procedencia de las drogas, posiblemente hurtadas de hospitales como el Rivadavia, en el marco de dos causas: muerte dudosa y administración fraudulenta de fármacos a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento. Betancourt estaba desocupado y sin trabajo en CABA, lo que genera dudas sobre su acceso a estas sustancias.
Este suceso se suma al escándalo de "viajes controlados" con anestésicos robados de hospitales, involucrando a una residente y un anestesista del Hospital Italiano. Las drogas requieren trazabilidad por ANMAT, pero circulan ilegalmente.