La policía continúa los peritajes en el departamento de Eduardo Betancourt, enfermero de 44 años oriundo de Entre Ríos encontrado muerto en Palermo, en Fray Justo Santa María de Oro al 2400. El cuerpo estaba sentado en una silla del comedor con sangre en la boca, sin signos vitales, tras denuncia de su hermana por pérdida de contacto desde el 30 de marzo. Secuestraron cuatro ampollas de propofol abiertas y una jeringa usada, además de fentanilo, lidocaína, difenhidramina, dipirona, escopolamina, diclofenac, clonazepam, midazolam, dexametasona, adrenalina, haloperidol, metoclopramida, diazepam, lorazepam y cloruro de potasio.
Expertos en el programa explican que las múltiples ampollas indican que Betancourt no estuvo solo, ya que una sola dosis lo habría dejado inconsciente rápidamente, sugiriendo una fiesta con propofol donde se busca desinhibición y alucinaciones sexuales en el estado de semi-conciencia. La sangre en la boca podría deberse a edema pulmonar por sobredosis, paro respiratorio o broncoaspiración. Rastros dactilares en ampollas apuntan a al menos dos personas más, y la presencia de adrenalina refuerza la hipótesis de terceros para reanimación en caso de complicaciones.
Se discute el robo sistemático de estas drogas de hospitales por anestesiólogos y enfermeros adictos, con encubrimiento por miedo a represalias. Casos en Corrientes, Bahía Blanca y Hospital Italiano involucran directores que protegen adictos por falta de personal. El juez dictó secreto de sumario para allanamientos y detenciones inminentes, mientras panelistas advierten riesgos de homicidio culposo por abandono si lo dejaron morir.
Las drogas incluyen anestésicos, sedantes, antipsicóticos y reanimadores, algunas para venta en mercado negro o uso recreativo combinado con alcohol. Perfiles de adictos en salud: profesionales creen controlar su consumo, pero generan doble riesgo al drogar a otros. Mensajes de espectadores confirman perfil sociable de Betancourt sin indicios previos de adicción.