En un sermón de la Iglesia de la Ciudad, el pastor citó Efesios 4:27 del apóstol Pablo, advirtiendo que la ira proporciona un "topos" o pequeño territorio al diablo para entrar en la vida de las personas, comparándolo con un alpinista que usa fisuras en la roca para escalar.
Explicó que el enemigo no necesita puertas abiertas, sino grietas pequeñas como enojo no resuelto, que se convierten en amargura si no se resuelven el mismo día, recomendando no dejar que el sol se ponga enojados y practicar el perdón como defensa espiritual.
Usó analogías como un trasatlántico que naufraga por una fisura bajo la línea de flotación y zorras pequeñas que arruinan el viñedo, urgiendo a sellar grietas con determinación, diferenciando enojo de pecado como venganza o silencio castigador, y llenar el vacío con el Espíritu Santo.
Enfatizó la guerra espiritual como conflicto de legalidad por autoridad delegada por Cristo, no de fuerza, y que los creyentes son propiedad de Dios tras la redención, anulando derechos del enemigo mediante la cruz.