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Anestesiólogos evadían antidoping y organizaban fiestas con propofol robado

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La investigación por la muerte del anestesiólogo Alejandro Salazar por sobredosis de propofol revela una red de médicos que robaban la droga de hospitales como el Italiano para usarla en fiestas recreativas con sexo grupal, cobrando hasta mil dólares por entrada.

Salazar, de 31 años y residente en el Hospital Rivadavia, apareció muerto el 20 de febrero en su departamento de Juncal 4622, Palermo, con una guía en el pie conectada al propofol. Audios entre colegas exponen que evadían controles antidoping mediante contactos internos, permitiéndoles seguir operando pese a positivos previos.

Implicados incluyen a Hernán Bovier, jefe de anestesia del Hospital Italiano, y la residente Delfina Lanuse, detectada drogada en el trabajo. La justicia indaga si Salazar estaba solo al inyectarse o acompañado, y posibles denuncias por abuso sexual en fiestas donde participantes alegan falta de consentimiento bajo efectos de la droga.

La Asociación de Anestesiólogos enfrenta escrutinio por fallos en controles, mientras hospitales admiten dificultades para detectar robos hormiga en rendiciones de medicamentos. El juez Javier Sánchez Sarmiento citó registros, destacando riesgos para pacientes por profesionales adictos.

La trama incluye infidelidades de Bovier con residentes, lo que filtró audios y detonó el escándalo, abriendo una caja de Pandora con múltiples delitos graves.