El sacerdote Olivier de Citibó enfrenta graves denuncias por abusos sexuales a menores en Orleans, Francia, durante campamentos, catecismo y visitas a su casa parroquial. La víctima principal, Jerome, recuerda tocamientos, sexo oral forzado y penetraciones que le causaron trauma postraumático con estrés (TEPT), sensaciones físicas recurrentes y lagunas mentales, agravadas tras confrontarlo en juicio donde él niega intencionalidad.
Familiares confirman visitas frecuentes del niño a la casa del sacerdote sin cuestionarlas inicialmente, y una carta al obispo Picondé en 1996-1997 alertaba sobre incidentes. Otras responsables pastorales reportaron quejas desde 1983 y 1997, llevando a renuncias por su comportamiento inapropiado. La víctima localiza escenas en lugares como Le Kinkis y oficinas parroquiales, con empujones y actos violentos que lo dejaron en cama días.
La investigación judicial impone medidas cautelares: prohibición de contacto con menores, residencia en Loare y viajes a Perú. Abogados presionan por denuncia formal por violación, pese al miedo de la víctima al juicio. Familia muestra tensiones, con la madre dudando de exageraciones y discusiones sobre compensaciones económicas por daños, mientras informes médicos validan secuelas graves como depresión, autoagresión e interrupción de estudios.
En audiencia, Olivier de Citibó confiesa todo: tocamientos, penetraciones, sexo oral recibido y forzado, cientos de actos por víctima, incluso casos de los 80. Admite ante la víctima que "no estás loco" ni culpable, cambiando su negación previa. El docudrama destaca el largo proceso, con llamados a más víctimas vía Facebook y email.