El pastor concluye su sermón explicando que la presencia de Dios está accesible para todos por medio de Jesucristo, quien permite entrar limpios por su sangre y hablar cara a cara con Dios, superando las limitaciones de Moisés que solo vio las espaldas divinas.
Enfatiza que Dios invita a los creyentes con cargas, temores o pecados a "ven y conversa conmigo", como en el Salmo 27 y Juan 6, donde Jesús dice que no echa fuera a quien viene a Él, comparándolo con el padre del hijo pródigo que abraza pese al olor a chiquero.
El pastor anima a buscar la presencia del Señor hasta encontrarla y cierra con una oración del Salmo, pidiendo no ser abandonado por Dios como ayudador y salvación.