La justicia investiga a anestesiólogos del Hospital Italiano de Buenos Aires por robar sustancias como propofol y fentanilo para organizar fiestas privadas con sedación controlada, donde cobraban mil dólares por persona o dos mil con monitoreo médico.
El caso se destapó tras la muerte por sobredosis del anestesista Alejandro Salazar en febrero, quien recibía las drogas de compañeros como Tati, amiga de Delfina Alanuz (conocida como Fini o Tini). Hernán Boveri, anestesista de renombre con 50 años, y Alanuz están imputados por el fiscal Lucio Herrera ante el juez Sánchez Sarmiento; ambos se negaron a declarar y se culpan mutuamente.
Los robos se realizaban manipulando ampollas: usaban parte para pacientes, diluían el resto con agua y lo devolvían incompleto, o justificaban descartes falsos. Hubo allanamientos en sus casas con secuestro de jeringas, computadoras y elementos electrónicos para rastrear la red. Otras involucradas incluyen a Alves de Lima, quien falsificaba certificados para evadir antidoping.
En entrevista, la especialista Silvia Papuchado explicó que buscan un efecto de "viaje" similar al sueño profundo post-anestesia, pero advirtió riesgos letales como apnea; enfatizó que no generaliza a todos los médicos y que el acceso fácil agrava el problema.