El cortejo fúnebre de Ian, el chico de 13 años asesinado por un compañero de 15 en la escuela de San Cristóbal, llegó al cementerio acompañado por casi todo el pueblo, incluyendo la comunidad del Club Independiente con banderas rojas y blancas. Los padres, Leandro y Miriam, mostraron entereza al cargar el ataúd de su hijo único desde la iglesia hasta el carro fúnebre, en medio de un silencio conmovedor y lágrimas de vecinos, docentes y niños de todas las edades.
El fiscal regional Carlos Botero desmintió bullying, estupefacientes o conflictos familiares como detonantes, aunque surgen versiones contradictorias: el abogado del padre, Oronio, habla de bullying severo y autolesiones, mientras el abogado de la madre, Kiener, confirma que el victimario Guido niega bullying y revela pensamientos suicidas desde los 10 años. El ministro de Educación mencionó problemas intrafamiliares serios, pero la fiscalía prioriza pericias psicológicas para evaluar peligrosidad y evitar su regreso a la comunidad.
Panelistas debaten el régimen penal juvenil actual, inminente hasta septiembre por la nueva ley, que deja al chico inimputable con medidas discrecionales del juez, como internación en instituto semiabierto similar al caso Bulash. El psiquiatra forense Enrique de Rosa enfatiza que la violencia escolar es multicausal —familia, psiquiatría, imitación social, escalada— y critica la sociedad por ignorarla, proponiendo prevención comunitaria contra el "efecto espectador".
En contexto, se muestran videos virales de escuelas como Jean Piaget en Ramos Mejía y Palomar simulando fusilamientos y "La Purga" para festejar buzos nuevos, con sirenas de bombardeo y ejecución de años anteriores, generando repudio; autoridades prometen monitoreo futuro sin sanciones por protocolos vigentes.
La cobertura en vivo resalta el desconsuelo del pueblo, marcado para siempre por esta bisagra histórica, con imágenes de niños llorando en escuelas al paso del cortejo y un silencio que "llega a la boca del estómago".