La ciudad de San Cristóbal, Santa Fe, vive conmocionada por el velatorio de Ian Cabrera, el chico de 13 años asesinado ayer por un compañero de 15 años que ingresó al Colegio Mariano Moreno con una escopeta cargada de perdigones, arma de caza de alta letalidad a corta distancia.
Un preceptor y un asistente escolar intervinieron heroicamente evitando que el agresor recargara el arma tras varios disparos, lo que limitó la tragedia a un muerto y dos heridos leves ahora fuera de peligro en hospitales de Rafaela y Santa Fe. El encargado de mantenimiento Fabio relató que el atacante estaba en shock y podría haber matado más alumnos si no lo detenían.
En exclusiva, se mostraron la canana con municiones y la escopeta; el tirador, inimputable, está recluido en un centro juvenil de Santa Fe con su madre, bajo evaluación psiquiátrica aunque docentes niegan conocimiento previo de problemas mentales. La familia lo describe como buen alumno y deportista hasta una desconexión inexplicable.
Autoridades provinciales de Educación y Salud anunciaron contención psicológica para familias, heridos y comunidad escolar, sin registros previos de alertas socioeducativas. Expertos como el ex juez Gabriel Peñoniori y la psicóloga Paola Zavala alertan sobre salud mental post-pandemia, fragilidad familiar del agresor y fallas en protocolos anti-bullying, exigiendo más dispositivos de prevención.
El pueblo chico se conoce todo: padres de víctima e imputado se cruzan en trabajos y deportes; intendente culpa violencia y drogas locales, mientras padres temen volver a clases el lunes en la misma escuela shockeada.