Alejandro Salazar, médico del Hospital Gutiérrez, murió por sobredosis de propofol y fentanilo en su departamento, revelando robos de anestésicos del Hospital Italiano para fiestas privadas llamadas Propofest, con "viajes controlados" y sexo, organizadas por residentes anestesiólogos vía WhatsApp.
La investigación destapó chats filtrados de residentes como Hernán B., Fini (R3 Italiano) y Tati (R3 Rivadavia), que consumían sustancias hospitalarias en fiestas electrónicas; allanamientos hallaron bombas de infusión para dosificar las drogas y evitar paros respiratorios. El toxicólogo Francisco Dadich explicó que estos anestésicos potentes causan depresión respiratoria rápida y no se venden en farmacias, requiriendo doble autorización.
Desvíos ocurren al prescribir más ampollas de las usadas o en farmacias hospitalarias; Dadich comparó con 100.000 muertes anuales por fentanilo en EE.UU. y casos locales como Gerardo Virilis, anestesista preso por intentar anestesiar a una mujer. No hay producción clandestina en Argentina, pero personal de salud accede fácilmente creyendo controlar dosis.
Fiestas usaban bombas para sedación continua como en terapias intensivas; proponen rinoscopía obligatoria para personal médico en Salta y políticas de drogas para detección temprana. Hospital Italiano desvinculó a dos implicados recientemente, pese a fiestas de larga data; justicia investiga trazabilidad y posibles otras muertes.