El deshielo en el Ártico acelera las tensiones geopolíticas entre Rusia y la OTAN, especialmente alrededor del archipiélago de Svalbard, soberanía noruega con acceso igualitario por el Tratado de 1920. Hace 20 años, minisubmarinos rusos reclamaron lecho marino cerca del Polo Norte, y ahora el cambio climático revela rutas marítimas clave como la Ruta del Mar del Norte, vital para Rusia como atajo entre Europa y Asia.
Svalbard se calienta más rápido que cualquier lugar de la Tierra, aumentando buques en un 40% desde 2013. Rusia, que controla gran parte del Ártico, invierte en 40 rompehielos —la mayor flota mundial— y reactiva bases como Nagurskoye para defender su "bastión". La OTAN responde con maniobras, mientras Finlandia y Suecia se unen como miembros, aislando a Rusia; todos los países árticos excepto Rusia son ahora OTAN.
Noruega se autodenomina "ojos y oídos" de la OTAN en el Norte y advierte que un ataque a Svalbard activaría defensa colectiva. Rusia acusa a Noruega de militarizar, critica visitas navales y realiza desfiles nacionalistas en Barentsburg, su enclave minero de 350 habitantes. Expertos temen invasión similar a Ucrania, exacerbada por amenazas de Trump sobre Groenlandia.
La estación satelital noruega en Svalbard es vulnerable a ataques híbridos rusos, según la OTAN. Rusia usa bases árticas para misiles contra Ucrania y presume submarinos y paracaidistas. El Tratado prohíbe bases militares, pero el deshielo amenaza la paz en esta zona estratégica entre potencias nucleares.