El Río de la Plata presenta menor contaminación en el lado uruguayo gracias a aguas menos turbias por menor carga de sedimentos del Paraná, mejor circulación del agua, más plantas de tratamiento cloacal proporcionales y control de vertidos industriales, lo que permite bañarse en playas de Montevideo, Colonia y Carmelo.
En contraste, el lado argentino sufre turbidez marrón, sedimentos y contaminación que impide el baño. Otras provincias como Paraná, Santa Fe, Corrientes, Misiones y Córdoba usan sus ríos para recreación con alertas por cianobacterias, monitoreos y cultura respetuosa del agua pese a amenazas como represas y sequías.
Buenos Aires da la espalda al río escondiéndolo con cemento, rejas, autopistas y accesos limitados o privatizados en La Plata, mientras Rosario recuperó su costa con parques públicos. Soluciones incluyen ampliar plantas cloacales, mejorar ley de costas, controlar industrias, restaurar humedales y educar ambientalmente.
El estuario de más de 200 km, que abastece agua a 15 millones, alberga biodiversidad pero deterioró desde 1970s por industrialización sin control, falta cloacas, vertidos ilegales de metales pesados como plomo, cromo y mercurio, basura, microplásticos de Riachuelo y Reconquista, y cianobacterias tóxicas veraniegas.
Antiguos destinos veraniegos como clubes Náutico, Pescadores, playas de Ensenada y Vicente López quedaron atrás; el río espera recuperación para volver a ser disfrutado tras más de 50 años.