Luis Rubén "El Loco" Di Palma emerge como una leyenda del Turismo Carretera en este segmento del Museo del TC, destacando su debut a los 17 años como mecánico y piloto en el Gran Premio de 1963, donde corrió con un Ford Falcon rifado y mostró su talento precoz venciendo a pilotos experimentados.
El programa relata anécdotas de su carrera de 35 años, como prenderse fuego en una autocarrera, correr descalzo en barro extremo, y su rivalidad amistosa con Juan María Traverso, con quien se rozaban en pista sin tocarse, llegando primer y segundo destrozados pero celebrando juntos, mientras sus equipos peleaban.
Di Palma participó en la Misión Argentina en Nürburgring con el Torino nacional, colaborando intensamente y recibiendo ovaciones al regreso. Luego, a los 52 años en 1996, armó su propio Falcon en 20 días y ganó su última carrera en Buenos Aires, superando a su hijo Marcos Di Palma y otros, dedicándola a la juventud para que no se apuren y eviten accidentes por ansiedad.
Sus hijos y colegas lo recuerdan como trabajador incansable, generoso con empleados, "terrorista" en discusiones, pero cariñoso y calculador en riesgos, con hazañas como trueques de motores y maniobras audaces que lo convirtieron en ídolo con hinchada propia.