El cuerpo necesita combustible correcto como frutas, verduras, semillas y legumbres de la madre tierra, no procesados con químicos, conservantes ni colorantes que acidifican y enferman a la larga.
Cambios pequeños como sal marina por sal común, azúcar natural por refinada ayudan a transitar sin brusquez. Hábitos diarios como facturas o cereales acumulan daños.
Aunque cueste dejar asado o chocolate, lo rico no siempre es sano. El cuerpo es vehículo para esta dimensión y debe nutrirse fisiológicamente.
Pequeños cambios sostenibles evitan extrañar lo viejo.