La demanda de búnkeres privados de alta tecnología aumentó drásticamente debido al recrudecimiento de tensiones geopolíticas y el temor a una escalada nuclear, un fenómeno no visto con tal intensidad desde la Guerra Fría.
La industria de refugios subterráneos se convirtió en un negocio multimillonario, con opciones desde 49.000 euros hasta mansiones subterráneas por más de un millón de euros, equipadas con filtración de aire, energía solar y autonomía para meses.
Ron Hubbard, presidente de Atlas Survival Shelters en Texas, diseña búnkeres resistentes a ataques aéreos y colapsos civilizatorios. En regiones como Dubái, las consultas se multiplicaron por la guerra en el Golfo.
En Suiza, búnkeres públicos garantizan refugio para toda la población. Figuras como Mark Zuckerberg y las Kardashian normalizaron la tendencia, mientras la OMS advierte riesgos nucleares.