El pastor concluye su mensaje advirtiendo que el peor enemigo puede ser uno mismo, el diablo o Dios como acusador. En la parábola de Jesús, se ordena ponerse de acuerdo con el adversario antes de llegar al juicio para evitar la cárcel eterna. El adversario puede ser una persona con quien hay conflicto, requiriendo reconciliación rápida, incluso antes de ofrecer sacrificio en el altar.
Si es el diablo, quien acusa día y noche, la victoria surge de la humildad, reconociendo pecados y apoyándose en el sacrificio de Cristo en lugar de justificar errores propios. Satanás tiene razón en muchas acusaciones, pero justificarse da derecho legal para atormentar; la justificación está en Jesús.
Finalmente, el adversario podría ser Dios mismo, invitando a reconciliarse en esta vida antes del gran trono blanco del juicio final, donde los no salvos enfrentan condenación eterna. La única salida es aceptar a Jesucristo como Salvador para evitar el castigo eterno por pecados.
El pastor reitera que Dios y el hombre son ahora adversarios por el pecado, pero Dios ofrece paz mediante Jesús; el hombre debe aceptar antes de que sea tarde y muera enemistado, recibiendo prisión eterna.