Jesús eleva la ley contra homicidio al prohibir enojo, insultos como 'idiota' o 'raca' y maldiciones, equiparándolos a juicio, tribunal o fuego del infierno. Enfurecerse con alguien equivale a juicio; denigrar lleva al tribunal; maldecir arriesga perder la salvación eterna, pues la boca trae vida o muerte.
El pastor relata casos de cristianos que perdieron la fe por rencor constante y maldiciones. Dios se enoja con tales palabras. Prioridad absoluta: reconciliarse antes de ofrecer en el altar, dejando todo para arreglar conflictos con otros, ya que Dios prefiere relaciones sanas antes que actos religiosos.
Si vas camino al juicio con adversario, resuelve rápido las diferencias, pues el acusador (Satanás) te entrega al juez, quien te manda a oficial y cárcel: enfermedad, miseria o susto como castigo por romper ley espiritual. No se ponga el sol sobre tu enojo; resentimientos provocan juicio divino.