Guido contó su transformación radical en el programa Pare de sufrir: nació en pobreza extrema, sin comida ni ropa, y a los 11 años empezó con cigarrillos por presión social, pasando luego al alcohol y depresión profunda.
Formó pareja pero la perdió todo por vicios, quedando sin casa, autos ni dinero, hasta intentar suicidarse tras días de consumo excesivo. Una invitación lo llevó a la Iglesia Universal, donde halló paz el primer día y decidió bautizarse, dejando su pasado atrás.
Renunció a viejos hábitos, oró intensamente y recibió el Espíritu Santo, llenándose de alegría incomparable. Dios restauró su vida sentimental con una esposa devota, económica con cuatro casas, tres locales y dos autos, y espiritual con gozo y paciencia permanentes.