El sistema de salud de Cuba enfrenta una crisis crítica agravada por el embargo petrolero, con cortes de luz, falta de agua, medicamentos y combustible que agotan al personal médico.
Las operaciones quirúrgicas cayeron de 1.200.000 anuales a 700.000, dejando 96.000 personas en listas de espera, incluyendo 11.000 niños. Autoridades priorizan casos graves y el programa materno-infantil ante desabastecimiento de oxígeno, anestesia y medicinas básicas.
Profesionales emigran por salarios de apenas 16 dólares mensuales en el mercado informal, mientras un convoy de 120 activistas europeos entregó 5 toneladas de insumos médicos por 500.000 dólares para pacientes vulnerables.
Médicos y enfermeros luchan con vocación pese al cansancio, acostumbrados a las faltas pero afectados por la imprevisibilidad energética que enferma incluso al personal.