En Hora de reir, un comediante cuenta que sus padres se separaron hace seis años, aunque debieron hacerlo antes porque su madre gritaba todo el día enojada con el padre por tonterías como cambiar una lamparita o limpiar aceite del auto.
Imita los gritos de su madre Marita exigiendo ayuda en la cocina y puteando al padre, afectando a los hijos de rebote, y cuestiona cómo mantenían relaciones íntimas con tanto conflicto.
Describe su trabajo actual colocando neones en pizzerías y telos junto a su abuelo ciego, entrando avergonzado a moteles y poniéndose nervioso con la agujereadora cerca de ruidos sexuales de al lado.