Saif al-Islam Gaddafi, hijo del dictador Muammar Gaddafi, presentó su candidatura presidencial en secreto, firmando con huella dactilar rodeado de admiradores, a pesar de una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad durante la Primavera Árabe.
Exiliado y oculto más de una década tras su captura en 2011, sobrevivió a torturas, atentados y sentencia a muerte en Libia. Antes fue visto como reformista occidentalizado: negoció compensaciones por Lockerbie con familias de víctimas, estudió en Viena y Londres obteniendo doctorado, influyó en su padre para fingir programa nuclear y elogió la democracia públicamente mientras aconsejaba engaños diplomáticos.
Durante la revuelta de 2011 dio un discurso amenazante defendiendo a su padre y acusando rebeldes de yihadistas, lo que derivó en su condena. Capturado por milicias, escapó de Zintan, lanzó acusaciones contra Nicolas Sarkozy por financiación de campaña libia y reapareció en 2021 hablando de venganza contra insurgentes en entrevista al New York Times.
En un país dividido sin gobierno central, lidera sondeos con 46% según encuesta libia dudosa, con apoyo ruso pero sin base armada fuerte. Partidarios lo ven como patriota pacífico; críticos recuerdan su pasado playboy con fiestas y vínculos con Ghislaine Maxwell. La CPI guarda silencio sobre su caso.
El reportaje incluye testimonios de diplomáticos como Gene Cretz, mentores y exiliados, cuestionando su rol unificador pese a amenazas de represalias si gana.