El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman presiona al presidente Donald Trump para que no frene la guerra contra Irán y aproveche la oportunidad histórica para reconfigurar Medio Oriente. Riyadh considera a Irán una amenaza permanente que requiere un golpe profundo, incluso operaciones terrestres.
Países del Golfo evalúan sumarse al conflicto, liderados por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, cansados de misiles iraníes. Rechazaron propuestas que darían más control a Irán sobre el Estrecho de Hormuz, clave para exportaciones energéticas mundiales.
Trump oscila entre negociaciones y ataques a infraestructura iraní como la isla de Karg, arriesgando una guerra larga o dejar expuestos a aliados. La economía global amenaza con shock por precios del petróleo en ascenso.