Miriam Fernández, nieta recuperada número 27, relata que su madre biológica puso bomba en Mendoza y cuestiona el relato de jóvenes idealistas guerrilleros. Reivindica a sus padres biológicos pero no sus métodos violentos, y reconoce errores de ambos lados sin negar nada.
Explica que mantuvo en secreto su caso para evitar explotación por organismos de derechos humanos, y ama a sus padres adoptivos pese a calificación legal como apropiadores. Defiende respeto mutuo con Abuelas pese a desacuerdos.
En entrevista telefónica, enfatiza objetividad histórica y genética recibida de biológicos, proponiendo diálogo con representantes de derechos humanos.