La familia de Laureano, un niño fanático de la selección argentina, recolecta firmas de los jugadores campeones del mundo en sus camisetas desde hace tres años, iniciando con la primera de Lautaro Martínez junto a su papá un domingo.
La mamá contó anécdotas como dejar la comida para buscar a Calistro tras el colegio, conseguir la firma de Otamendi parando su camioneta en familia, y cómo el fútbol ayudó a Laureano, antes tímido, a ganar confianza y socializar con amigos compartiendo la pasión.
En el predio AFA, Julián Álvarez llegó feliz por la convocatoria previa al Mundial, contento de reunirse con el grupo pese a no jugar la final del Atleti, mientras un niño hacía jueguitos con la pelota ante el público y el sol matutino, con más llegadas esperadas.
La pasión por la selección genera aventuras familiares, recuerdos del Mundial vivido con nueve años, cábalas y festejos, llenando de adrenalina y emoción más allá del juego.