Agustina vive horas clave en Río de Janeiro ante la audiencia preliminar de su juicio por un gesto interpretado como racista contra un mozo, agravado por dos denuncias adicionales que elevan la pena potencial a 15 años, aunque ella niega los insultos y alega reacción a provocaciones previas.
En entrevista en vivo con Ana Ortiz, Agustina reveló su agotamiento físico y mental tras dos meses en Brasil: no duerme, no come y teme por su integridad física por amenazas constantes. Su abogada pide extradición a Argentina para seguir el proceso desde allí, citando peligro en el país.
Agustina se arrepintió públicamente del gesto, disculpándose con afectados afrodescendientes, y espera resolución similar al caso de jugadoras de River liberadas vía habeas corpus. Desmiente las denuncias extras, que serán desmentidas por cámaras del local, y afirma que encuadran una imagen racista fabricada.
Su padre Mariano la acompaña económicamente en un departamento; confesó pensamientos suicidas ante posible cárcel brasileña. El fiscal suma víctimas para endurecer cargo, pese a pena base de 2 a 5 años por odio racial.