Agostina Páez, procesada por gestos xenófobos tras una agresión en un restaurante de Río de Janeiro, obtuvo una pena reducida a servicios comunitarios que cumplirá en Argentina, evitando prisión en Brasil donde temía por su vida como "enemiga pública".
La fiscalía bajó de tres delitos a uno con pena mínima de dos años reemplazable, más pago de reparación a víctimas. Páez expresó alivio tras el "calvario" más duro de su vida, aunque sigue encadenada y amenazada, repitiendo que no justifica su reacción "pésima" pero criticando la falta de contexto en medios brasileños.
La abogada Carla Junqueira y su padre destacaron la desproporción usada como propaganda política. Conductores debaten la importancia de diplomacia pese a diferencias ideológicas, evitando papelón internacional y reconociendo fallas en apoyo consular a la ciudadana argentina sola en el proceso.
Entrevistadora Melina repudió los gestos pero empatizó con su temor a suicidio o muerte en cárcel brasileña.