El pastor concluye que vivir en santidad es un buen negocio en Dios, ya que quien lo hace experimenta la presencia cercana de Dios.
Explica que la pureza y la gracia de Dios traen recompensas eternas, y que los nacidos de Dios no practican el pecado porque Cristo los guarda del maligno.
Advierte que vidas dobles con pecados ocultos generan rendijas para dardos del diablo, lo que puede llevar a perder la fe y la salvacion.