El pastor explica Romanos 10: fe en Cristo y confesión pública son esenciales para la salvación; no basta fe secreta, hay que confesar a Jesús como Hijo de Dios y Dios mismo abiertamente.
Advierte contra avergonzarse de Cristo por miedo humano, como Nicodemo o José de Arimatea, que tenían fe pero no confesaban por temor a expulsión; Jesús dice que quien se avergüence de Él, Él se avergonzará en su venida.
Confesar implica reconocer a Jesús como Señor y Dios; negar es como Pedro tres veces. La fe obediente salva, priorizando aprobación de Dios sobre la humana temporal.
Distinguir confesión de fe para salvación de confesión de pecados (a Dios y afectados), con arrepentimiento verdadero como David, no como Saúl o Balaam que confesaron sin cambiar.
Concluye que confesar a Cristo cuesta pero trae gloria eterna, y toda rodilla se doblará ante Él.