Luis Novaresio entrevista a un abogado penalista con casi 30 años de experiencia que critica duramente el sistema judicial argentino por estar alejado de la gente común, llegar tarde y tener dos velocidades: una rápida para poderosos políticos y económicos, y otra eterna para los pobres sin contactos ni buenos abogados.
El letrado explica que la justicia federal beneficia a los importantes mientras un ciudadano de a pie espera décadas por resoluciones, genera descreimiento masivo hacia jueces y el sistema, pese a que muchos jueces honestos luchan diariamente. Destaca la importancia de la experiencia callejera sobre títulos académicos y afirma que las cárceles están llenas de pobres porque el sistema castiga a los débiles sin acceso a defensas de calidad.
Habla de falsas denuncias en aumento, especialmente de violencia de género y abusos sexuales contra varones para impedirles ver a sus hijos durante años, hasta que la justicia absuelve tras procesos largos. Rechaza defender abusos sexuales infantiles por repulsión personal, aunque defiende denunciados inocentes estigmatizados, y usa olfato profesional para detectar mentiras y motivaciones vengativas en dos minutos.
Denuncia existencia de "sicarios judiciales" que ensucian o inventan delitos por plata, y enfatiza que su ética es solucionar problemas rápido sin alargar procesos ni crear nuevos. Critica a profesionales que multiplican causas para cobrar más, y subraya que la defensa requiere verdad del cliente para diseñar estrategias efectivas, sin importar el delito.
Describe perfiles de homicidas desde accidentales hasta planificadores perversos con frialdad macabra, y defiende objetividad profesional independientemente de ideología política, citando casos como asesoramiento a Alberto Fernández, Fabiola Yáñez, Andrea del Boca y consultas de Javier Milei sin coincidir políticamente.