El piloto Emilio Salvador Satriano se consagró campeón del Turismo Carretera en 1990 tras una racha arrolladora de cuatro victorias consecutivas en las últimas fechas, culminando en Tandil donde levantó el pie para asegurar el título sin riesgos innecesarios.
Originario de Chivilcoy, Satriano contó con el apoyo incondicional de su pueblo, incluyendo peñas de fanáticos que recaudaban fondos, y el trabajo incansable de su hermano Pablo, quien preparaba el Chevrolet blanco y verde, fabricando piezas a mano en una época de grandes cambios reglamentarios.
Destacó victorias clave como la de Balcarce ante Oscar Castellano, Lobos con un auto afilado en circuito nuevo, y Bahía Blanca donde la rotura del motor de Castellano le dio la punta, todo respaldado por esfuerzo familiar y patrocinadores locales.
En la final de Tandil, una bandera roja por accidente de los hermanos Suárez no alteró su ventaja; la gente invadió la pista para festejar al "obispo de Chivilcoy", ídolo Chevrolet que corrió 20 años con la misma marca y dedicó el título a su equipo, hinchada y familia.
Satriano recordó el recibimiento masivo en Chivilcoy con 10.000 personas en la avenida Mitre y enfatizó que ser campeón del TC es lo máximo en el automovilismo argentino, reconociendo pasión generacional de fans.