Alfredo Leuco, enviado especial en Metula, la ciudad israelí más cercana a la frontera con Líbano, reporta en vivo el sonido de alarmas antiaéreas y detonaciones mientras se refugia junto a su equipo. La alarma obliga a arrojarse al suelo o cubrirse, ya que no hay refugios en esa zona abierta a 600 metros de altura.
Desde un mirador, Leuco muestra la proximidad extrema al sur del Líbano, epicentro de confrontaciones feroces entre el ejército israelí y el grupo terrorista Hezbollah. Se escuchan bombardeos y tableteo de ametralladoras a solo dos kilómetros, con nubes negras de humo visibles detrás de las montañas libanesas.
Israel ha convocado a 450 mil reservistas y avanza en territorio libanés con tanques y artillería para empujar a Hezbollah más allá del río Litani, reduciendo el uso de cohetes de corto alcance. Residentes de Metula, muchos autoevacuados, exigen defensa ante los ataques constantes.
La ciudad turística, similar a un mini Bariloche por su esquí en el monte Hermón, ahora luce como un fantasma: sinagoga destruida con techos apuntalados, hotel en reconstrucción cubierto por murales, calles vacías y casas abandonadas tras el 7 de octubre de 2023.