Un violoncelista toca una melodía conmovedora frente a un edificio destruido en Líbano, en medio del caos de la guerra, simbolizando vida y arte ante la destrucción absoluta.
El panel resalta cómo la música humaniza las imágenes de muerte y caos, contrarrestando la insensibilidad generada por tanta exposición a videos de guerra, pandemias y pobreza global. Comparan con cánticos de óperas en balcones durante la pandemia como manifestaciones de paz.
Insisten en que si líderes mundiales no se sensibilizan con estas imágenes artísticas, todo está perdido, pero el público sí responde, generando un matiz emocional más cercano.