En Tel Aviv, la vida transcurre con normalidad en la costanera pese al conflicto: gente camina, corre y usa monopatines en la playa, aunque con menos tránsito.
Las últimas sirenas sonaron antes del mediodía y no volvieron a activarse hasta la tarde, según el enviado especial Gabriel.
El periodista cuenta que sus hijos de 16 y 13 años, argentinos radicados en Israel, sobrellevan la situación entre alegría por su vida local y reclamos ante las sirenas.