Robertito Funes Ugarte completó su recorrido por el barrio coreano de Flores, Buenos Aires, en La Robineta, explorando verdulerías, supermercados y una panadería con productos exóticos como nabos gigantes de 2.000 pesos que curan la ceguera, golosinas picantes, alganoli para sushi y bebidas energéticas.
En la panadería coreana, probó tortas esponjosas de chocolate, café y fruta con dulzor sutil no empalagoso, panes con crema de jucrim, garrapiñadas de almendra con chocolate, bizcochuelos de vainilla tipo castella turca y snacks de batata frita con sésamo y porotos dulces. Conversó con empleados como Esteban y vecinos como Ximena de Río, Erika de 26 años con piel juvenil gracias a skincare coreano de cuatro capas diarias con semen de salmón.
Destacó la suavidad y sutileza de los dulces coreanos, comparados con los argentinos más dulces, y recomendó visitar la zona en Avenida Carabobo 1549 para un viaje a Corea sin avión. Pidió cafecitos que tardaron, despidió con "Annyeonghaseyo" bajo lluvia y viento, y anunció aventuras semanales los sábados desde la una de la tarde en La Nación Más.
El equipo en estudio elogió la repostería desconocida y la diversidad cultural de Buenos Aires, invitando a explorar barrios cercanos llenos de sabores y gente amable.