La planta de General Motors en Santa Fe fabrica el SUV Chevrolet Tracker, el más vendido del país, con una capacidad de 115.000 unidades anuales para el mercado interno y exportación.
El proceso inicia en el sector de estampado con prensas de 2.000 toneladas que moldean chapas en capós, puertas, techo y piso mediante golpes precisos, robots con inteligencia artificial y matrices de 40 toneladas cada una. Las piezas se lavan, lubrican y calibran para evitar defectos.
En armado, se sueldan subconjuntos como frames delanteros y traseros con laterales, puertas y capó en líneas robotizadas. La carrocería pasa por medición láser precisa hasta centésimas de milímetro y simuladores para asegurar ensambles perfectos.
En pintura, 40 robots aplican primer, color en seis tonos, barniz y aislantes acústicos, con tratamiento de efluentes para cero residuos a rellenos sanitarios. La planta usa 23% energía renovable y apunta al 100% para 2035.
El montaje final une carrocería con motor, caja y suspensiones mediante torqueadoras conectadas que paran la línea ante errores. Se programan electrónicos, prueban frenos, estanqueidad y dinámica en pista antes del envío al concesionario.